En la vida nos hacemos de nuestras ideas y creencias, muchas veces vemos las cosas desde un solo ángulo, permaneciendo la verdad oculta a nuestra vista. Así pues, de casi todo sólo vemos la punta del iceberg, viviendo en la ingenuidad o en una conveniente mentira.
Años duré bajo la sombra de un sistema, me hicieron creer en una verdad, hasta que de pronto vi el otro lado de la moneda. De pronto me quedé sin maestro, quien debía enseñarme se convirtió en un jefe, ya no en un líder ni un maestro. Me hablaban de crecimiento, que debía hacer todo para crecer, pero me mintieron, no era mi crecimiento por lo que yo trabajaba, era por el de la institución, luego descubrí que esa institución tenía nombre y apellido.
Así pues, todo mi esfuerzo, todas mis ganancias eran para él, y a cambio nada. Así pues, decidí retirarme, decidí trabajar para el kung fu, no para ese señor. Así pues, convencí a mi esposa de que teníamos que marcharnos, diseñamos un nuevo escudo, escribimos un nuevo programa, conseguimos todo lo que no nos estaban enseñando, mandamos a hacer nuestros propios uniformes. Decidimos trabajar por el kung fu, no por el dinero, nuestra ganancia el respeto y la experiencia, no el dinero.
Así que haciendo esto descubrí una verdad cósmica, el amor y el dinero se parecen mucho, ambos, si los persigues escapan, si los obligas los ensucias, en cambio cuando entregas recibes. Así pues el mensaje es, trabaja, entrégate a tu misión, a lo que deseas hacer, el dinero llega, al igual que el amor, llega cuando debe de llegar. Y sí, lo que fácil llega fácil se va.
Adiós, vieja escuela de kung fu, he trabajado duro, viejo maestro, te dí muchas, muchas horas de mi vida, hice mucho por ti, cuando creía en ti. Mientras te serví estuviste de acuerdo conmigo, pero cuando pensé diferente a ti me hiciste a un lado. Quizá no me eches de menos a mí, pero sí que echarás de menos mi trabajo y el dinero que me obligabas a darte.
