Qué tiempo para vivir

Pandemia, guerra, debacle económica, dictaduras y demás pestes que habríamos jurado que no volverían. Tiempos de tiranía y de cobardía, tiempos para replantearnos todo lo que somos, nuestras prioridades y los pilares de nuestra sociedad. Vivimos en una época de abundancia donde la fortaleza de carácter es más un lujo que una necesidad, veo a los jóvenes desmoronarse ante cualquier indicio de presión, personas con prioridades tan distorsionadas que no son capaces de distinguir entre el sexo y una preferencia, gente con ideologías extremas tratando de ir en contra del orden establecido sin reparar en las consecuencias.

¿Cómo hubiera manejado la pandemia?

Simple, tan simple como debió haber sido, reducción de movilidad más uso de cubrebocas y fomento de la higiene. Las medidas tan extremas que a final de cuentas demostraron no ser tan necesarias ni tan efectivas se llevaron de calle a la economía mundial provocaron un rezago académico de años y generaron muchísimos problemas psicológicos y sociales. Las medidas de limitación de aforos fueron correctas, el uso de cubrebocas fue indispensable y super efectivo, el lavado de manos fue cosa de sentido común; pero el encierro y la parálisis económica y social solo creó resistencia y grandes oleadas. Así que, no, yo no hubiera sido tan extremo en tal caso, hubiera propuesto el trabajo remoto, la limitación de aforos, la restricción en eventos masivos, el uso de cubrebocas en eventos al aire libre y en lugares cerrados y punto.

¿Y la educación?

El más castigado e incomprendido de los pilares sociales, aparte de la familia. ¿Quien pensaría que los universitarios fueran tan necesitados de un acompañamiento? Depresión, ansiedad y suicidios y un declive brutal en el rendimiento académico, lo anterior más las consecuencias que tendrá dentro de unos años cuando estas generaciones en formación sean las que dominen el sector productivo. Mientras tanto los chicos de educación media, tan abandonados, andando por ahí. Los parques llenos, corrillos de jovencitos haciendo su vida sin el marco de una formación efectiva, descargando sus tareas de la web, buscando pasar la materia, sin necesidad ni deseo de aprender. Luego los pequeños, tratando de hacer la educación primaria, muchos sin computadora, tomando las clases desde un teléfono, con padres impacientes porque deben conectarse para trabajar o por irse al centro de trabajo, porque ya les llamaron para volver a la empresa.

Y sí, ahora en mi país, del cual me llegué a sentir orgulloso alguna vez, se lava las manos, se cruza las manos, y mientras las empresas privadas trabajan al 100%, los servicios públicos ponen como excusa la pandemia para ser aun menos productivos, la educación sigue en vilo. Aun con la tasa de hospitalizados y muertes a la baja, la educación sigue en la hielera, en el fondo del cajón.

Ideologías radicales

Venimos de un siglo donde hubo dos grandes guerras, después de la primera se instaura el comunismo y se forma un bloque social comunista y otro capitalista. Toman forma y fuerza partidos de extrema derecha y partidos de extrema izquierda, y los extremos, alimentados por el resentimiento llevan a otra gran guerra, donde aquellos bloques toman gran fuerza, surgen armas capaces de aniquilar toda la vida del planeta y el mundo vive en tensión durante casi 50 años. Durante ese siglo se forman muchas dictaduras, algunas de extrema izquierda y otras de extrema derecha, pero que terminan compartiendo muchas características: represión, control de los medios, persecución política y muerte. El tiempo pasa y la justicia se impone, la democracia parece abrirse paso, pero no sin haberse manchado las manos con sangre. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se disuelve y el bloque comunista se desmorona, abriendo paso a jóvenes democracias, en Europa del Este, Latinoamérica y hasta en Asia. Pero esa sangre no se olvida y, aunque los países que adoptan la democracia y el capitalismo comienzan a mostrar grandes avances en libertad de expresión, nivel económico y acceso a recursos, no falta la gente resentida que siente que es incorrecto que haya gente rica, que todos deberían tener acceso a lo mismo sin ponerse a pensar en el valor del trabajo y que no es lo mismo podar el pasto que dar trabajo a miles de personas. Así pues, el comunismo se mantiene vivo en la mente de muchos resentidos e ignorantes, y gradualmente vemos como en varios países del mundo comienzan a tomar el poder partidos de extrema izquierda, y comienzan a nacer nuevas dictaduras, mientras que toda acción tiene una reacción, la respuesta para muchos es la extrema derecha, llevando a sus naciones hacia el mismo punto que las extremas izquierdas, hacia regímenes dictatoriales.

Guerra

¿Quién iba a pensar que después de la guerra fría y la disolución de la URSS el mundo estaría en contra de Rusia en una guerra económica? El gran dictador de Rusia, Vladimir Putin, quien es (o fue) el ídolo de muchos (yo incluido) por tener las agallas de enfrentarse al orden establecido, por ser un contrapeso necesario hasta cierto punto, quien recibió una Rusia destruida y la pudo levantar. En fin, ese, quien lleva años guerreando contra diferentes naciones eslavas y de medio oriente, de pronto subió de tono y cantó la tercera gran guerra, invadió un país que realmente no se lo merecía y de forma indiscriminada y continuada ha estado cometiendo crímenes de guerra, violando acuerdos y mintiendo sobre sus verdaderas intensiones, asesinando a sus vecinos y mintiendo a su pueblo. Ese Vladimir Putin quien en repetidas ocasiones ha cantado la tercera gran guerra, la más temida de todas las guerras, quien incluso ha amenazado con el uso de la fuerza nuclear.

La guerra, que toma al mundo por sorpresa, a un mundo cansado y castigado, con una economía devastada, ahora viene a rematar. El trigo, base de la alimentación del planeta, subirá de precio; los combustibles, esenciales para producir y transportar todo lo que le da forma a nuestra sociedad, subirán de precio, provocando el aumento de todo, mordiendo las economías de todos y cada uno de quienes vivimos en este planeta. Quien peor la lleva es Rusia y su pueblo, cuya economía está peor que nunca, siendo estrangulada por el resto de las naciones. La gente tendrá hambre y se enojará, puede que no con Putin, puede que más bien se enoje con Biden y el bloque occidental, convirtiéndonos en los malos y provocando una reacción hacia la extrema lo que sea que sea Putin.

Y aun así, viendo las atrocidades que comete el ejercito Ruso, quienes violan mujeres, bombardean hospitales y escuelas, quienes iniciaron la ocupación de un país que lo único que quería era su propia libertad, aun así, aún y después de que todo esto está pasando, hay quienes lo apoyan. Se me cae la cara de vergüenza al ver como en mi país las «juventudes de morena» apoyan abiertamente las atrocidades que está ordenando ese demonio. No se puede comparar una guerra civil con una invasión, Putin está atacando a una nación que ya era libre desde antes de la aparición del comunismo.

Cobardía y debilidad

Veo en todo esto una gran debilidad y cobardía por parte de todos nosotros. Tanta abundancia nos dejó demasiado tiempo de ociosidad, la madre de todos los vicios. Ideologías de género, inclusión forzada, las minorías sobre las mayorías, todo eso cobró fuerza porque no teníamos otros problemas. Ahora estamos viviendo las consecuencias de una peste mal manejada y estamos en la antesala de la tercer guerra mundial. Todo se pudiera haber evitado si de primera la OTAN hubiera puesto un hasta aquí y hubiera integrado a Ucrania, el virus del COVID-19 no se hubiera diseminado tan rápido si China hubiera tenido el valor de decirlo, las consecuencias no hubieran sido tan duras si las autoridades y la misma gente hubiera sido menos cobarde e ignorante, A fin de cuentas, ¿qué es vivir? No basta con respirar para disfrutar la vida, nuestras existencias son complejas y necesitamos convivir con los demás.

Dentro de toda la estupidez que nos caracteriza como especie, hay jóvenes que piden guerra, hay estúpidos que apoyan a Putin en su genocidio, hay ociosos que quieren comunismo. Pues todo eso lo van a tener, en cierta medida, y luego veré como les rechinan los dientes cuando vivan las consecuencias de su testarudez. Si tan solo fuéramos menos cobardes y débiles de carácter, no permitiríamos que regímenes de ese calibre cobraran tanta fuerza, viviríamos en una constante guerra por la justicia y el bienestar de todos nuestros semejantes.

Publicado por Mario Cuevas

Ingeniero, profesor, maestro de artes marciales

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