Soy un amante de los autos, desde niño me apasionan y los conozco bien, sé distinguir una dirección MacPherson de una de doble horquilla, conozco como funciona una transmisión automática, etcétera. Aunque muchas veces lo he dicho y lo digo de nuevo, que el coche está involucrado en muchos males de la sociedad moderna, este no tiene la culpa, es solo una herramienta, puede ser arte en movimiento, una bella demostración de lo que la ingeniería puede hacer.
El arte es necesaria en nuestras vidas, la ingeniería sin el arte solo daría como resultado piezas útiles pero insulsas. El arte debería ser aplicado en cada cosa que se creara, le da un significado y una esencia más profundos a todas las cosas. El arte debe, bajo toda forma, ser bello y provocar emociones. La belleza siempre se acentúa mediante la sencillez. Pensemos en uno de los autos más hermosos de todos los tiempos, el VW Tipo I, hermoso por su simpleza, por su fiabilidad, por las historias que cuenta. ¿Cuantos no tuvimos una historia de amor en la que el escarabajo fue nuestro fiel compañero?

Pensemos ahora en otra belleza en la historia del automóvil, el Lamborghini Miura. El primer superdeportivo, con lineas simples, mecánica simple, hecho para ser hermoso y veloz.

En el caso del VW Tipo I, es el coche más longevo del mundo, duró en producción desde 1938 hasta 2003, tengo uno con 30 años de antigüedad y, aunque necesita algo de mantenimiento en lo estético, su mecánica está impecable, con él todo se reduce a encenderlo y salir a pasear sin preocupaciones. ¿Qué ocurre con los coches actuales? Cualquier automóvil moderno a los 10 años o incluso menos se convierte en una caja de dar problemas, si falla la computadora, un sensor, o la batería está tan solo un poco vieja y el coche simplemente ya no enciende.
Ganancia sobre esfuerzo.
Es un lema inventado por mí y que puedo aplicar sin dificultad a cualquier campo, que la curva de ganancia sobre esfuerzo es una curva logarítmica.

Al principio cualquier esfuerzo te da gran ganancia. ¿Qué tal si a una carreta le ponemos un motor? Bien, ya tenemos un coche. ¿Qué tal si le añadimos una carrocería? Bien, ya tenemos un coche más cómodo y seguro contra las inclemencias del clima. A lo largo de la historia del automóvil hemos visto grandes avances que hacen que sean más veloces, más seguros y más fiables. Pero que tal si a un coche compacto moderno cuya velocidad máxima es de 160 km/h y su uso principal es urbano le ponemos un sistema de control de tracción, ruedas de aleación de aluminio y una pantalla con Android Auto por tan solo $2,000.00 dólares más. ¿Realmente estás obteniendo algún beneficio que compense ese gasto?
La curva anterior puede aplicarse a casi cualquier sistema o producto, añadir complejidad a un producto puede aumentar su valor, su eficiencia, su confort incluso; pero llega un momento en que el grado de complicación no compensa el grado de ganancia. ¿Android en un coche? ¿Ruedas de aleación en un coche que jamás irá a más de 150 km/h? Se vale, pero siempre que se acepte que es por vanidad y no por utilidad.
Como ingeniero puedo entender y justificar la inclusión de muchas tecnologías en los vehículos modernos, pero también sé muy bien que muchas veces se utiliza la electrónica para compensar un diseño deficiente (basta ver el problema con el Boeing 737 MAX 8), también utilizamos la electrónica para compensar la falta de pericia del usuario o incluso para contrarrestar su estupidez, seamos honestos, todos hemos descuidado el camino para revisar el celular alguna vez en la vida. También entiendo que buscamos llevar la ingeniería a nuevos límites, añadiendo turbos, sensores para mejorar la mezcla, sensores para mejorar la frenada, sensores para verificar el inflado de las llantas, sensores para verificar el estado de los frenos y hasta sensores para ver si está lloviendo o si es de noche, pero cada pieza que se agrega introduce una posibilidad de fallo. Por experiencia sé que un motor simple, con un carburador limpio y un filtro bien colocado es muy, pero que muy difícil que falle; en cambio un motor con una electrónica compleja, dependiente de un montón de sensores que pueden fallar, va a fallar mucho antes que un motor más sencillo.
Complicaciones y trampas
Hoy en día los coches renunciaron a la sencillez para dar paso a complicaciones innecesarias con la comodidad y la estética como excusa. Por ejemplo, esas facias de resina que se rompen con gran facilidad justificadas en ofrecer una superficie deformable que proteja la estética del vehículo agregan complejidad francamente innecesaria. Asientos que se reclinan al presionar un botón, cuando toda la vida lo hicimos bien con una perilla, cromados y otros adornos que no aportan funcionalidad y que francamente son para ocultar una carencia en el diseño del coche.

La belleza no necesita de adornos ni complicaciones, una bella obra no requiere un marco ostentoso. Hablando de simpleza, veamos cuál fue otro de los autos más exitosos del mundo, un coche que creó un culto a su alrededor y que aparece en muchas postales francesas.

Simple, hermoso en su esencia, barato, sencillo de reparar, entre los años 1948 y 1990 se produjeron 3,868,634 unidades del 2 CV y 1,246,335 unidades de la variante furgoneta. Más de 40 años en producción sin prácticamente sufrir cambios en su diseño.
La electrónica en los coches te da muchas posibilidades, pero agrega posibles problemas, la electrónica del coche tiene la facultad de convertir un motor en algo inservible con solo un sensor (hecho de plástico muchas veces) que falle. Realmente no son muy necesarios ciertos elementos, salvo para extender los periodos de mantenimiento y mejorar el rendimiento; pero complica el mantenimiento del coche, ya que hay más piezas que revisar, cientos de metros de cable donde se puede originar un cortocircuito o un falso contacto. En realidad las situaciones en las que debes bajar la ventanilla del asiento de atrás mientras vas manejando son muy pocas, demasiado pocas. De igual modo, controlar el clima del auto mediante un menú en una pantalla es incluso más peligroso que simplemente usar el sentido del tacto para girar una perilla.
Diseñado para durar muy poco.
Plásticos, no siempre de buena calidad, adornos que se rompen con facilidad, electrónica con bombas de tiempo en su interior. Todas esas cosas que hacen que el coche se avejente a un ritmo acelerado. Además, las trampas en la electrónica, circuitos que están programados mediante software para dejar de funcionar en cierto momento o que disminuyen el rendimiento del vehículo de forma intencional.
La obsolescencia programada en efecto también es un asunto de los vehículos modernos, tanto de piezas, como de conjuntos, como de toda la unidad. Es triste, porque el arte dejó lugar a la mediocridad y la pasión fue asfixiada por el marketing.
