¿En qué me he convertido? En ese tipo de cabello largo que prefiere los libros que a las personas, que conduce un auto viejo y usa la misma ropa hasta que se acaba, maestro de artes marciales y maestro de universidad. Hace tiempo fui un oficinista, un administrativo con una oficina propia y todo. Me gustaba lo que hacía, aunque mi labor era estresante por naturaleza la actitud de mis jefes y de mis compañeros lo hacían muy pasable y éramos un gran equipo. Luego pusieron a otro jefe y las cosas cambiaron. No entiendo como, pero las cosas fueron cambiando a peor, ya celebrar los cumpleaños el mero día era prohibido, las charlas de pasillo fueron abolidas, la nieve ocasional fue derogada… Muchas otras cosas en cuanto a organización y comunicación fueron a mal, a veces el mismo trabajo lo terminábamos haciendo dos o más veces por culpa de las malas decisiones del jefe, que no le tenía confianza a un equipo que llevaba funcionando perfectamente desde mucho antes de que él llegara.
Después de un tiempo enfermé, comencé con un dolorcillo en el vientre que terminó convirtiéndose en un dolor insoportable. Fui con el médico de mi servicio médico y me dijo que tal vez tenía piedras en la vesícula y me dio medicamento, pero el dolor fue empeorando y fui con otro médico, quien lo primero que me preguntó después de revisarme fue sobre cómo me sentía en mi trabajo, ahí fue cuando estallé y confesé que había deseado enfermarme para poder irme de ahí, por muchos motivos no era viable renunciar, podía cambiar de puesto o retirarme de la labor administrativa, pero no me dejaban. La sonografía mostró que tenía el intestino grueso hecho bola en varios puntos y el médico simple y llanamente dijo «si no quieres que te de cáncer te debes ir de ahí» y me prescribió antidepresivos, y esa fue mi carta de salida.
Yo no lo sabía pero ya tenía problemas de ansiedad, pero los cambios fueron tan graduales que no me di cuenta cómo terminé ahí. Por las noches sentía que si me dormía me iba a morir, a veces sentía que el aire no entraba en mis pulmones y muy seguido pensaba en qué pasaría si me moría; aunado a esto todo me hacía enojar y era común que estallara por cualquier cosa. Tuve que tomar antidepresivos hasta que renuncié al puesto, y cuando los dejé el dolor volvió con la misma fuerza, aunque gradualmente fue haciéndose más leve hasta que desaparecía por algunos días. Así que desde entonces llevo dos años luchando por mejorar mi vida. Y sí, tuve que dejar muchas cosas, una de ellas fue el coche.
Volví a una gran afición, que es andar en bicicleta. Yo no soy como esos que se van al cerro los fines de semana o que gustan de hacer ciclismo deportivo. Para mí la bicicleta es un medio de transporte y ahora es un estilo de vida. A principios de año iba al trabajo un día por semana, pero en semana santa compré una bicicleta eléctrica y comencé a irme al trabajo todos los días. He de decir que no ha bajado de peso, pero ya casi nunca me duele el vientre, solamente cuando paso por alguna situación muy estresante, además ando de mucho mejor humor, he ahorrado muchísimo dinero y me siento mucho mejor conmigo mismo.




Tal vez sea un poco exagerado, pero tengo tres bicicletas, antes tenía una bicicleta balona que armé yo mismo, la usaba de vez en cuando cuando era feliz en mi trabajo; luego compré una bicicleta plegable, cuando ya no era feliz en mi trabajo y me daba por comprar cualquier cosa que «me hiciera feliz»; tiempo después me robaron mi bicicleta balona, pero para aquel entonces ya la usaba casi todos los días y al día siguiente compré una Huffy en Walmart, estuvo padre, porque no me la querían vender porque era merma ya que le faltaba el poste del asiento y tenía un golpe en el guardabarros trasero y por eso la conseguí muy barata: por último conseguí la bicicleta eléctrica.
Cuando les conté a mis amigos que yo me iba todos los días al trabajo en mi bicicleta su primer reacción fue de escepticismo, luego me preguntaron casi con asco si no llegaba muy sudado. La verdad es que mi trabajo queda a 7 kilómetros de mi casa y llego en muy poco tiempo, con el tiempo, tanto en la bicicleta eléctrica o en la balona he hecho mejores tiempos y con respecto al sudor es que mientras uno no se ponga mochila y al mejorar la condición física el sudor es mínimo, nada que no se controle con un buen desodorante y un pañuelo. Es únicamente cuestión de constancia y de cultura.

Tal vez sea soberbia o no, pero siempre que paso por una gasolinera y veo las filas y los precios, o cuando veo una grúa remolcando un coche descompuesto, no puedo dejar de sentirme bien, porque ahora dependo de menos cosas, me siento más autónomo y no estoy sujeto al ritmo del tráfico. Tengo más libertad que antes y en general mi salud está mucho mejor que antes. Desde que dejé esa oficina casi nunca ando apurado, no tengo que atender a un código de vestimenta y el tiempo ya no me esclaviza. Tiempo y dinero son cosas que siempre se van sin que lo podamos evitar, así que mejor dejarlos ir, cómo nos mire la gente es algo totalmente subjetivo, el estatus que da el coche es una falsedad, y la verdad es que el coche nos tiene esclavizados.
