Cuando volvimos del periodo de aislamiento social y que comencé a convivir más con mis alumnos varias veces escuché el comentario de que conmigo la clase era muy relajada y que además sí sentían que habían aprendido algo. En mi carrera como profesor de universidad he sido padrino de generación varias veces, y la verdad es que es un gran honor ya que los alumnos te eligen por votación de entre todos los maestros que les dieron clase durante su formación profesional. Es algo que se debe agradecer y honrar y, francamente, me hace sentir muy satisfecho como profesor.
El movimiento slow, la vida lenta, se puede llevar a todos los aspectos que nos integran como seres humanos, viajar lento, comer lento, trabajar lento… En mi caso, como profesor universitario, enseñar lento. La primer materia que me fue asignada hace ya casi doce años fue programación, en el temario oficial se estipulaba que debía enseñar lenguaje C y FORTRAN, no o, sino y. Cualquiera que haya tomado un curso programación entenderá que aprender un solo lenguaje en un semestre es de por sí difícil, ¿luego dos? En ese momento vi que tenía la opción de enseñar dos lenguajes de forma superficial y arriesgarme a que los alumnos no aprendieran nada o dar el curso a marchas forzadas y arriesgarme a que los alumnos odiaran la programación. Tal vez tenía una tercer opción, para que una persona pueda aprender un tema primero debe no odiarlo y no temerlo, así que la programación debía enseñarla de forma tranquila, no dos lenguajes sino solo uno, el que más les sirviera, así que opté por enseñar únicamente lenguaje C y tratar de que no fuera un martirio.
Como resultado he de decir que varios de mis alumnos han dejado la carrera en la que estaban para cambiarse a ciencias de la computación porque, según sus palabras, «las gustó mucho programar»; muchos otros terminan su carrera y terminan trabajando como programadores. Y la verdad es que esto me llena de orgullo, porque he logrado que a varios les interese la programación y se ganen la vida con ello, y esto lo he logrado enseñando lento.
¿Qué es enseñar lento?
Es cambiar cantidad por calidad, cantidad de temas por calidad de temas, cantidad de tareas por calidad de tareas. Cuando una persona tiene demasiado que hacer pierde el interés por hacerlo bien y se centra en simplemente terminarlo. Cuando se tiene mucha carga académica se pierde el interés en el aprendizaje porque es mayor la preocupación por no reprobar. Es mejor que en el aula el aprendizaje sea colaborativo, que los alumnos se integren y se ayuden entre sí, resolviendo sus dudas mutuamente, incrementando o manteniendo su motivación. Planear las actividades en metas cortas y alcanzables en el tiempo del aula, para que al terminar la clase los alumnos se vayan sintiendo que lograron algo y dejen espacio a la relajación. Debemos recordar que el cerebro solo fija los conocimientos nuevos durante el sueño y cuando la mente está relajada.
Parte del problema en el proceso de enseñanza-aprendizaje es la frustración, el miedo a no lograrlo todo o no acabar a tiempo, el sentir que no se está aprendiendo o que no se está logrando nada. Esos parásitos emocionales evitan que una persona aprenda. Hay profesores que piensan que hay que exigir mucho al alumno y se exceden con la carga, creando ese sentimiento de frustración. Como la tortuga que vence a la liebre, el camino del aprendizaje debe ser gradual y lento, dejando que la mente del alumno vaya asimilando el conocimiento y vaya cambiando sin ofrecer resistencia. Al final el estudiante podrá hacer una vista en retrospectiva y al ver todo lo que ha aprendido se sentirá realizado y motivado. Es aquí donde la enseñanza lenta trata de mejorar la calidad de la enseñanza, al permitir un proceso más relajado y que de espacio a la reflexión.
Conclusión
En la vida he conocido buenos y malos maestros, pero los peores han sido aquellos que te presionan hasta dejarte seco, con quien deja de ser importante el qué se aprende para solo preocuparse por terminar la tarea a como de lugar; existen quienes son todo lo opuesto, que no exigen en absoluto y da igual lo que haces o no, igual se acredita la materia. Los mejores maestros son aquellos con los que la clase es tan interesante y poco estresante que uno como alumno pide más, porque no hay estrés, aquellos en los que se te olvida que es una obligación y te da tiempo de hacer las cosas sin presiones extremas, dando espacio para el gran olvidado en el sistema educativo, el aprendizaje.
