Resistiendo a la prisa

Como nos daña la prisa, creamos un estilo de vida del cual nos hicimos esclavos. Vivimos para alimentar a la máquina que nosotros mismos creamos. La máquina de la prisa, la rueda de hámster en la que vivimos gira que gira cada vez más rápido y nosotros estamos corre que corre, sin ver que somos nosotros mismos los que creamos ese ritmo frenético del cual «no podemos escapar».

Miro los coches ir y venir a gran velocidad, veo a la gente que parece incapaz de caminar unas cuantas cuadras a la tienda o los que prefieren cometer una infracción de transito en vez de rodear unas cuantas cuadras en coche. Queremos ir de prisa sin dejar de ser perezosos. Los hermosos coches que tanto me gustaban se han convertido en aparatos obesos y pesados, todo porque ahora «necesitan» contar con una variedad de sistemas para protegernos de nuestra propia estupidez al conducir.

Los que nos bajamos de esa rueda de hámster y vemos la estupidez de la gente desde lejos, nos sometemos voluntariamente a ser un estorbo para los que quieren ir más rápido de lo que nosotros deseamos. Voluntariamente dejamos de existir para los que siguen en la rueda y se han vuelto incapaces de ver el mundo que está más allá de Facebook, Instagram y WhatsApp. Duele, pero el mundo real es hermoso, es bueno caminar viendo el entorno con ojos propios y platicar con personas que no sacan el celular cada dos minutos.

Publicado por Mario Cuevas

Ingeniero, profesor, maestro de artes marciales