El sin propósito de una vida sin fe

Para mí la ciencia siempre ha sido como una niña muy inteligente, pero miope y necia. La incapacidad de creer en lo que no se puede ver o medir, el creer ciegamente en estudios que en principio están mal diseñados no representa ningún avance. La ciencia funciona muy bien en asuntos simples de relación causa-efecto directa, pero es sumamente torpe en asuntos más complejos. La ciencia suele desdecirse, lo cual es bueno, sin embargo es sorda a otra opinión que no sea la de ella misma.

En asuntos del alma la ciencia no tiene cabida, no es capaz de demostrar nada, pero eso no invalida los asuntos del alma ni los asuntos del alma anulan la utilidad de la ciencia. Los asuntos del alma son poco medibles, difíciles de verificar y eso a la ciencia no le gusta. Si me lo preguntas, como hombre de ciencia y como ser humano he de decir que estoy convencido de que Dios existe, el método científico me funciona bien en asuntos mundanos y simples, como encontrar el error en un código de computadora o escribir un nuevo lenguaje de programación, pero más allá de eso la ciencia no tiene cabida en mi vida. No necesito saber las razones fisiológicas que me hacen amar a mi hija, las conozco, pero no necesito tenerlas en cuenta, amo a mi hija porque Dios es grande y punto, el pensar que únicamente amo a mi hija por una cuestión bioquímica le quita su misterio y su belleza, así que no, no necesito ni siquiera saberlo, la amo porque sí.

No debemos mecanizarnos, deconstruirnos ni sintetizarnos, somos seres espirituales complejos. Somos parte del reino animal, de la clase de los mamíferos, del orden de los primates, familia Hominidae, género Homo, especie Homo Sapiens, pero somos mucho más que eso. Si sólo fuéramos una especie más en el planeta seríamos animales con una existencia innecesariamente compleja, no necesitaríamos bienes materiales, gobiernos, pasatiempos ni leyes. Y ese es el problema que tienen las nuevas generaciones, viven vacías, su existencia es una carga innecesaria e irrelevante, carente de un propósito superior. La diferencia es que la fe le da sentido y propósito a nuestra existencia, a nuestro día a día, nos vuelve más tolerantes ante la adversidad y nos da un marco de referencia para tomar mejores decisiones.

La ciencia gusta de demostrar lo que ya se sabe y existen muchos estudios que demuestran cosas que la gente de fe sabe desde hace siglos. El vivir de acuerdo a ciertas normas te hace vivir mejor, más feliz y saludable. Las personas que tienen una fe suelen ser más longevas, sanas y felices. La fe te da un marco de referencia para que no tengas que cometer errores que otros ya cometieron, te da esperanza en tiempos difíciles, un consuelo ante la tragedia y reglas para vivir mejor. La fe no te vuelve tonto ni te convierte en una persona intolerante o supersticiosa, muchos avances científicos y tecnológicos los hicieron personas que tenían fe en Dios, el mismo Newton, por ejemplo. También entre gente de ciencia existe la intolerancia y la charlatanería.

No necesito ningún estudio que demuestre lo que llevo años sabiendo, que Dios existe y que quien vive con él vive mejor.

Publicado por Mario Cuevas

Ingeniero, profesor, maestro de artes marciales