¿Vivimos en años oscuros?

En la historiografía europea, los años oscuros es una terminología peyorativa que se refiere al periodo que incluye (aproximadamente) del 476 al año 1000.

Este concepto de un tiempo de oscuridad fue creado en el siglo xii por el erudito italiano Francisco Petrarca, y estaba pensado originalmente como una crítica a la falta de carácter de la última literatura inglesa. Los historiadores posteriores expandieron el término para referirse al período de transición entre la desaparición del Imperio Romano de Occidente y la Alta Edad Media, para describir un período caracterizado no solo por la falta de literatura en latín, sino también la falta de historia escrita contemporánea, la decadencia demográfica general, y la limitada actividad constructiva y cultural (que se pone de manifiesto, por ejemplo, en el empobrecimiento de la tecnología, como se ve en el caso de la cerámica).

https://es.wikipedia.org/wiki/A%C3%B1os_oscuros

Tal vez sería mejor decir que vivimos en una edad demasiado luminosa, repleta de reflectores y de muchísimo ruido que nos impiden ver y escuchar con claridad. Si existió una edad oscura en la que no se generó documentación histórica ahora vivimos en una donde se genera demasiada información, desgraciadamente, en una porción importante, falsa.

Con la llegada de Internet a las masas se pensó que se reduciría o acabaría la ignorancia ya que se tendría acceso a cualquier fuente de información de manera instantánea, la súper-autopista de la información le llamaban. Hoy en día, aunque existen bastantes webs de divulgación del conocimiento vemos que la Internet también es utilizada por grupos que pasan por alto todo el conocimiento existente sobre geografía, astronomía, biología y otras ciencias, con el fin de divulgar su ideología y teorías sin fundamentos, además para organizarse de manera efectiva y masiva.

Compañías como Meta y Tik-Tok son como Sodoma y Gomorra del planeta digital, por decirlo con dramatismo. Son Facebook, Instagram y Tik-Tok grandes ciudades plagadas de falsos ídolos donde se difunden falsedades, se fomenta el narcisismo y la perversidad. Se presentan vídeos que destruyen la cultura, la inteligencia y la memoria de la gente. Aunque sí que hay gente que sube contenido que puede ser valioso, en su mayoría no lo es, es contenido no verificado.

Según la investigación, el uso excesivo de las redes sociales puede afectar nuestra capacidad de concentración, nuestro procesamiento de información y nuestra memoria. Además, las redes sociales también pueden tener un impacto negativo en nuestra salud mental y emocional.

https://iccsi.com.ar/las-redes-sociales-nos-hacen-menos-inteligentes/

Aunque de momento mis palabras surgen con una base empírica, es verdad he notado un deterioro notable en la calidad de las relaciones entre las personas que usan mucho las redes sociales (más allá de un límite saludable si es que este existe).

Anteriormente la tecnología emulaba las formas naturales de conservar y compartir el conocimiento, la escritura emulaba la transferencia verbal de conocimiento, las canciones y cuentos se dejaron asentados de forma permanente en cerámicas y papiros, luego las cartas permitieron llevar una conversación sincrónica con pares lejanos, mientras que el teléfono nos permitía seguir llevando a cabo esa forma de comunicación oral sincrónica que nos es natural. Claro está que nuestra forma de comunicarnos es más corporal que verbal, sin embargo se puede transmitir mucha información con el tono de la voz. Luego las aplicaciones de mensajería instantánea nos facilitaron el mantener comunicación escrita con nuestros amigos, luego evolucionaron a llamada y vídeo-llamada, lo cual facilitó mucho las cosas. Con aplicaciones como Skype o Messenger nos dábamos el tiempo de platicar con nuestras personas queridas, les dedicábamos tiempo valioso y les prestábamos atención.

Con la aparición de las redes sociales esta comunicación se fue rompiendo para, en cambio, permitirle a la gente poner en un escaparate público partes de su vida, en vez de una charla con un ser querido se comenzaron a obtener mensajes de aprobación o crítica, likes o dislikes, cualquier comentario dicho entre amigos pasó a ser algo de dominio público y la conversación cara a cara pasó a estar en segundo plano. Sobran estudios que demuestran que las redes sociales son causales de depresión y suicidio, dimorfismos y otros males. Y así Narciso murió ahogado.

Y, volviendo al inicio, muchos nos atrevemos a publicar contenido que no pasa por ningún filtro técnico ni moral, es nuestro derecho a expresarnos, aunque si expresara opiniones políticamente incorrectas seguramente sería censurado más allá de la validez científica de mis dichos, pero ese es otro tema. Muchos pues, nos atrevemos a publicar contenido y la pregunta es, ¿qué tanto del contenido que se genera es cierto? ¿La tierra es plana? ¿La luna es un holograma? ¿El universo es un holograma? ¿Puedo hacerme millonario trabajando dos horas al día? ¿Cómo puedo desarrollar un criterio para discriminar todo el contenido falso? Supongo que todos tenemos el amigo cuya base cultural es Tik-Tok y aquellos que hemos leído de vez en cuando no encontramos palabras para explicarle lo equivocado que está. Así que, habiendo tantos reflectores deslumbrantes y tantas voces gritando, qué difícil es discernir para los que no sabemos casi nada y así es como vivimos en los nuevos años oscuros.

Publicado por Mario Cuevas

Ingeniero, profesor, maestro de artes marciales