Aunque tiene sus orígenes en la antigua Grecia y a lo largo de la historia existieron algunas protodemocracias, la democracia tal y como la conocemos tiene menos de trescientos años de existir, durante el siglo XIX ocurrieron diferentes revoluciones que dieron el origen a estados democráticos. Bajo la bandera de la democracia han surgido bastantes dictaduras que de alguna manera perversa han hecho uso de las estructuras democráticas para mantener el poder, de hecho es común que si el nombre de un país diga «República Democrática de…» sea todo menos democrático.
La democracia se vende como la gran salvadora de la humanidad. Ofrece instituciones que protegen la integridad de los ciudadanos y garantizan el cumplimiento de los derechos humanos. Al paso de generaciones el pueblo ha visto en el estado democrático a un protector y benefactor y paulatinamente ha renunciado a su capacidad de protegerse a sí mismo y perdido el interés por tomar decisiones en pro del bienestar de la comunidad, limitando su participación al simple acto de depositar su voto durante los comicios. Entonces la democracia ha generado poblaciones apáticas, débiles e incapaces de responder por sí mismas a catástrofes o amenazas. Creando terreno fértil para la proliferación del crimen organizado y la instauración de la tiranía.
El pueblo debe ser educado a no depender de un estado benefactor o de un presidente salvador. El pueblo debe recuperar su capacidad de organización y autoprotección, de defenderse de cualquier clase de amenaza, incluso del gobierno mismo cuando este no atiende las necesidades de la población o se torna perverso. La democracia hoy en día es un termino prostituido bajo el cual una clase política perversa se organiza para mantener el poder a costa de la población.
