Como ratones en una gran caja, vivimos nuestras vidas día a día, sobreviviendo de algún modo sin preguntarnos demasiado. ¿Cuanto hace que no miras al cielo? Vivimos anestesiados, adormecidos bajo un cóctel de entretenimientos baratos que tienen el mismo efecto que la heroína, tecnologías que nos hacen cada vez más dependientes, destrucción de valores familiares y sexualización. A veces siento un malestar, como una voz que pide ayuda dentro de mí, una voz que lucha por despertar de esta maldición imperius bajo la que estamos sometidos.
Si hacemos cálculos nos daremos cuenta de que pagamos mucho dinero por cosas que jamás hemos necesitado, nos hemos hecho dependientes a cosas que nunca habíamos necesitado hasta hace 10 años, las relaciones interpersonales están muy deterioradas. Cada vez somos más solitarios, menos empáticos, más hedonistas y menos listos. Hemos perdido la capacidad de permanecer en silencio, vivimos en una sociedad en la que todo mundo grita, todo mundo hace ruido, estamos perdiendo la capacidad de vivir el momento son distraernos con el smartphone. En vez de tomar un momento y disfrutarlo plenamente lo miramos a través de la pantalla y lo compartimos a todo el mundo para demostrar lo genial que es nuestra vida. La capacidad de escribir se está perdiendo también, la capacidad de leer, nos estamos convirtiendo en una sociedad primitiva de alta tecnología, si no, pues basta ver qué música es la que pega más.
El interior me grita fuerte, me pide que haga cambios, debo lograr hacer camios. Debo recordar como vivir sin estar escuchando música o viendo vídeos todo el tiempo, debo retomar la lectura, darme el momento para disfrutar de una cosa cada vez. Tal vez todos deberíamos hacer lo mismo, pero esto es la matriz y pocos soportan el mundo real.
